El valencià és la llengua que des de xiquet m'han ensenyat a casa, i encara que m'agradaria poder escriure més a sovint en la meva llengua materna, tinc una por insalvable cap a les faltes d'ortografia. És per això que publique en valencià menys blogs dels que m'agradaria. Açò és un problema per a mi, però a més a més, també és un problema que compartisc en molta altra gent. La base per a fomentar l'idioma és una bona educació, i desgraciadament, els nostres benvolguts polítics pareixen emprenyats en demacrar i ensombrir una cosa tan gran com és una llengua pròpia, un regal tan valuós com és el valencià. De vegades em pregunte si he fet tard. Són molts anys parlant la llengua a la meva manera i exercitant poc l'escriptura amb el valencià normatiu, potser als meus anys a l'institut m'equivoquí per no agafar la línia en valencià, però ara que a l'univeristat estava decidit a fer la carrera amb docència en valencià, em trobe amb una sèrie d'obstacles que denoten el poc interès col·lectiu per portar a terme una revalorització del valencià.
Observant el panorama, el valencià pareix una llengua en decadència. Em pesa aquesta afirmació, però no hi ha volta de fulla. Des de la conselleria d'educació s'empenyen en que la vida ens siga més difícil a aquells rebels que opten per traure de l'oblit una llengua, una cultura. A més, la Universitat Politècnica, a qui el prestigi pareix que se li ha pujat al cap, també col.labora en l'últim atac al nostre patrimoni lingüístic. Al parèixer, no tenien prou amb la pobra docència s'imparteix en l'actualitat, on vergonyosament la majoria dels mestres prenen el pel als alumnes i decideixen impartir les classes en castellà, sinó que han decidit anar més enllà: la conselleria ha portat a terme unes retallades a l'educació en valencià per a intentar fomentar més la docència en anglès, i la conseqüència a aquest fet es que algunes escoles i facultats de la Univ. Politècnica han considerat que el més oportú per a davant aquestes retallades era carregar-se les classes en valencià pels matins i tan sols ofertar l'ensenyança en dita llengua per les vesprades. Estic d'acord en que s'ha d'impulsar la instrucció en anglès, és el futur, però no em pareix bé el preu pagat, ja que en aquest cas és altíssim. No és pot privar d'aquesta ensenyança a uns alumnes que sí van poder escollir aquesta opció al primer any, però que de colp i repent al segon any es veuran obligats a reestructurar la seva vida i acudir per els vesprades o anar pels matins i renunciar al valencià.
En definitiva, el nostre idioma autòcton està en perill, i es dona la casualitat de que les institucions que més condecoracions és pengen per la cura de la llengua (universitat i conselleria), són ara el botxí d'allò que abans defenien. No tinc el menor dubte de que l'anglès i el castellà són molt importants, però tampoc em mostre dubitatiu quan pense que el nostre patrimoni lingüístic s'ha de protegir de la mateixa forma que aquestos dos idiomes. Una educació de qualitat amb la possibilitat de triar entre tres llengües és possible i ha de ser una realitat, no obstant, mentre els nostres polítics i persones influents continuen mirant tan sols per ells i pel foment d'altres d'obres innecessàries l'educació en valencià seguirà en declivi. A cap ciutadà ni estudiant l'interessa ni beneficia que es malgasten diners en obres de color blanc al llit vell del riu Túria que no tenen ús (sí, em referisc a l'Àgora i altres obres mastodòntiques inútils), ni que ens malbaraten diners per a que quatre rics s'omplin les butxaques amb la fórmula 1, el que de veritat ens interessa és el nostre futur, i el futur es construeix amb l'educació, i si eixa educació desitgem que siga en valencià, ningú ens pot arrevatar el nostre desig, perquè és el desig de qui vol aprendre la parla pròpia, el desig de qui defensa allò que és nostre, l'ànsia dels que estimen allò que alguns volen esborrar: el valencià.
J
Insensibles ante la desgracia, insensibles ante lo ajeno
Conmoción. Eso he sentido este mediodía cuando en el telediario han hablado de los trabajadores de la central de Fukushima. Son conscientes de que morirán, y sin embargo, lo interiorizan y acatan la pena: son los empleados de la central y por ello deben luchar por arreglar la agónica situación que se vive, aunque saben que es un viaje sin vuelta atrás, lo acatan sin rechistar. Estas personas no son culpables de la gran catástrofe nuclear que se avecina en Japón, sin embargo, su espíritu de cooperación y sacrificio por los demás hacen que no se inmuten ante la injusta llegada de su fin, un final de trayecto y de vida que no merecen. No obstante, ni ante este pavoroso suceso parecemos inmutarnos el resto de mortales: vivimos instalados en un mundo insensible, acostumbrado a lo horrible y en el que cada vez nos sorprenden menos los hechos que antes parecían barbaries.
Siempre he pensado que la costumbre nos acomoda y nos hace permanecer impasibles ante los hechos, y es que una vez acostumbrados ya nada nos sorprende. El caso de los trabajadores de Fukushima es sólo un pequeño ejemplo. Actualmente, parece algo rutinario un hecho tan misterioso como es la muerte. Ya no nos asombra el bombardeo a una ciudad, ni el fallecimiento de niños en la guerra, incluso estamos empezando a ver como algo común las muertes por violencia de género. Sin embargo, detrás de esa idea abstracta que nos narran en la televisión, existen familias destrozadas, vidas rotas, sueños que se van al traste, etc. y a pesar de ello, empezamos a mostrar un sentimiento de indiferencia ante tales hechos. Quizás nos cuesta ponernos en el lugar del otro para darnos cuenta de lo que realmente esto significa, tal vez no nos ponemos en situación: imaginen que uno de los niños inocentes muertos en una guerra fuese su hijo, o que la última fallecida por maltrato fuera su hermana. Imaginen el drama que eso supondría, imaginen no poder volver a verlos nunca más. Nos hemos vuelto insensibles ante conductas y acciones que merecen todo nuestro rechazo y que no son dignas de ser pasadas por alto como si fuesen una tontería, y es que parece que cada vez valoremos menos a la vida y a las personas, porque lo que antes tenía un valor incalculable, ahora ha descendido en su cotización hasta valores ínfimos.
Ante esto hay pocas soluciones. El ritmo que sigue el mundo amenaza con incrementar nuestra insensibilidad. Mañana, por desgracia, morirán civiles en Libia, y nosotros recibiremos la noticia sin lamentos; tal vez alguno de los funcionarios de la central de Fukushima se despida mañana mismo de la vida de una forma injusta, pero tampoco sentiremos dolor. Acostumbrados a las brutalidades que se cometen hoy en día, caminamos hacía el tiempo de la pasividad, y nos equivocamos profundamente. Como ya he dicho antes, los empleados de Fukushima morirán en el infierno nuclear, en el infierno provocado por el abuso de una energía que debería estar en extinción, en un infierno en el que no merecen estar... perecerán sin dejar huella, y lo peor es que nunca valoraremos el sacrificio que habrán realizado porque nunca nos pondremos en su lugar, nunca haremos nuestra la desgracia y nunca sabremos apreciar el peso de la vida mientras no nos veamos en una situación similar. Insensibles ante esta desgracias, la catástrofe de Japón ha pasado a ser una noticias más, y los empleados de Fukushima, víctimas de nuestra insensibilidad, nunca serán valorados como lo que en realidad son, es decir, como héroes.
Siempre he pensado que la costumbre nos acomoda y nos hace permanecer impasibles ante los hechos, y es que una vez acostumbrados ya nada nos sorprende. El caso de los trabajadores de Fukushima es sólo un pequeño ejemplo. Actualmente, parece algo rutinario un hecho tan misterioso como es la muerte. Ya no nos asombra el bombardeo a una ciudad, ni el fallecimiento de niños en la guerra, incluso estamos empezando a ver como algo común las muertes por violencia de género. Sin embargo, detrás de esa idea abstracta que nos narran en la televisión, existen familias destrozadas, vidas rotas, sueños que se van al traste, etc. y a pesar de ello, empezamos a mostrar un sentimiento de indiferencia ante tales hechos. Quizás nos cuesta ponernos en el lugar del otro para darnos cuenta de lo que realmente esto significa, tal vez no nos ponemos en situación: imaginen que uno de los niños inocentes muertos en una guerra fuese su hijo, o que la última fallecida por maltrato fuera su hermana. Imaginen el drama que eso supondría, imaginen no poder volver a verlos nunca más. Nos hemos vuelto insensibles ante conductas y acciones que merecen todo nuestro rechazo y que no son dignas de ser pasadas por alto como si fuesen una tontería, y es que parece que cada vez valoremos menos a la vida y a las personas, porque lo que antes tenía un valor incalculable, ahora ha descendido en su cotización hasta valores ínfimos.
Ante esto hay pocas soluciones. El ritmo que sigue el mundo amenaza con incrementar nuestra insensibilidad. Mañana, por desgracia, morirán civiles en Libia, y nosotros recibiremos la noticia sin lamentos; tal vez alguno de los funcionarios de la central de Fukushima se despida mañana mismo de la vida de una forma injusta, pero tampoco sentiremos dolor. Acostumbrados a las brutalidades que se cometen hoy en día, caminamos hacía el tiempo de la pasividad, y nos equivocamos profundamente. Como ya he dicho antes, los empleados de Fukushima morirán en el infierno nuclear, en el infierno provocado por el abuso de una energía que debería estar en extinción, en un infierno en el que no merecen estar... perecerán sin dejar huella, y lo peor es que nunca valoraremos el sacrificio que habrán realizado porque nunca nos pondremos en su lugar, nunca haremos nuestra la desgracia y nunca sabremos apreciar el peso de la vida mientras no nos veamos en una situación similar. Insensibles ante esta desgracias, la catástrofe de Japón ha pasado a ser una noticias más, y los empleados de Fukushima, víctimas de nuestra insensibilidad, nunca serán valorados como lo que en realidad son, es decir, como héroes.
La insignificancia de los humanos
Ayer la naturaleza volvió a hacer gala de su podería y dejó, una vez más, a los humanos ridiculizados y a su merced. Japón sufrió los efectos de una devastador terremoto que fue la antesala de un tsunami sin precedentes en esta gran potencia asiática. Nosotros los humanos, no sólo los japoneses, nos hacemos creer que podemos dominar todo lo que se nos antoje, que tenemos la capacidad de manejar cualquier situación adversa y que con nuestras gigantes insfraestructuras podremos domesticar al medio ambiente y la naturaleza. Pero no es así. En el día de ayer vimos imágenes desoladoras, coches que parecían arrastrados por el mar como si de hojas se tratasen, casas que vagaban a la deriva por ríos que antes eran calles... No obstante, sí que es cierto que la raza humana es capaz de minimizar los impactos de las catástrofes naturales, de hecho, la gran preparación de Japón frente a estas catástrofes hizo que la cifra de muertos fuese mucho menor de lo que podía haber sido en cualquier otra región del planeta.
Al margen de todo lo anterior, este breve blog lo escribo para recapacitar sobre la pequeñez de los humanos y el respeto hacia la naturaleza. Es cierto que el tsunami de Japón no fue provocado directamente por el hombre, pero nuestro comportamiento en las últimas décadas ha hecho aumentar el número de catástrofes medioambientales en la Tierra, además, si bien el maremoto no es culpa directa del hombre, si que lo es el desastre que una fuga radioactiva en Fukushima pueda suponer. Y es que ya se sabe, la naturaleza puede ser peligrosa, pero combinada con el hombre su efecto devastador se multiplica por diez. Por ello, debemos ser más cuidadosos y respetuosos con nuestro entorno y medio, porque nunca se sabe qué día nos devolverá nuestras faltas de consideración en forma de desastre natural, y todos sabemos que ante una rebelión de la naturaleza sólo podemos mirar, callar y pagar nuestros actos irresponsables.
J
Al margen de todo lo anterior, este breve blog lo escribo para recapacitar sobre la pequeñez de los humanos y el respeto hacia la naturaleza. Es cierto que el tsunami de Japón no fue provocado directamente por el hombre, pero nuestro comportamiento en las últimas décadas ha hecho aumentar el número de catástrofes medioambientales en la Tierra, además, si bien el maremoto no es culpa directa del hombre, si que lo es el desastre que una fuga radioactiva en Fukushima pueda suponer. Y es que ya se sabe, la naturaleza puede ser peligrosa, pero combinada con el hombre su efecto devastador se multiplica por diez. Por ello, debemos ser más cuidadosos y respetuosos con nuestro entorno y medio, porque nunca se sabe qué día nos devolverá nuestras faltas de consideración en forma de desastre natural, y todos sabemos que ante una rebelión de la naturaleza sólo podemos mirar, callar y pagar nuestros actos irresponsables.
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La suerte da la espalda a Luis Alberto Marco
Hoy se disputaban en París la mayoría de las finales de los Europeos de ateltismo en pista cubierta. Sobre las cuatro menos veinte había una cita obligada delante del televisor para los amantes de este deporte: la final de 800 metros. Se daban cita dos sevillanos que pueden marcar un antes y un después en esta prueba, y la carrera empezaba siguiendo con el guión que parecía establecido: uno de ellos, Luis Alberto Marco, tiraba del grupo igual que en tantas otras ocasiones ha hecho, y Kevin López, el segundo crack en discordia, aguardaba a la cola del pelotón esperando a que llegase la última vuelta para pegar un gigantesco latigazo en forma de sprint demoledor. Así pues, la carrera se adentraba en la tercera y penúltima vuelta, cuando Marco, previsible ganador de la prueba, ha caído al suelo perdiendo todas sus opciones de medalla y cerrando de forma desgraciada su temporada de pista cubierta. El atletismo es un deporte muchas veces cruel y en pocas ocasiones agradecido, y en este caso ha sido malvado con Luis Alberto. Los que estamos mínimamente metidos en esta disciplina deportiva sabemos cuanto cuesta alcanzar nuestros objetivos y somos conscientes que puede darse la posibilidad de que nunca los alcancemos, por eso, el revés sufrido hoy por este joven sevillano cuando tenía tan cerca la posibilidad de obtener una medalla es un palo durísimo que seguramente le cueste superar. No obstante, lo bello que tiene el atletismo es ese afán de superación que todos atesoramos dentro y que nos hace levantarnos una y otra vez en busca de nuevos retos, el mismo afán que el gran Luis Alberto estoy seguro que va a demostrar para rehacerse y brindar nuevas alegrías a aquellos que le seguimos, que lo hemos visto correr en directo y que hemos disfrutado con sus maravillosas carreras.
Al final la prueba se ha saldado con un brillante tercer puesto de López, al que desde aquí quiero felicitar, y con lágrimas en los ojos y la rabia contenida de Marco cuando ha cruzado la línea de meta lejos de sus adversarios, rabia que, a buen seguro, le va ayudar a mejorar y a superarse en la próxima para demostrar quién es. Ánimo Luis!!!
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Al final la prueba se ha saldado con un brillante tercer puesto de López, al que desde aquí quiero felicitar, y con lágrimas en los ojos y la rabia contenida de Marco cuando ha cruzado la línea de meta lejos de sus adversarios, rabia que, a buen seguro, le va ayudar a mejorar y a superarse en la próxima para demostrar quién es. Ánimo Luis!!!
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31º Maratón de Valencia 2011
Hace unas semanas me preguntaron si podía asistir a la grabación de un spot publicitario y promocional de la Maratón de Valencia 2011. Dado que nunca he estado en ningún tipo de grabación, acepté la invitación. La verdad es que no salgo mucho en el anuncio, pero en fin, siempre debe haber alguien que haga de bulto. Por otro lado, y al margen de las diferencias que tengo con la organización al haberse, a mi parecer, bajado los pantalones ante el ayuntamiento, y haber permitido que éste cambiase la fecha de celebración de este evento deportivo, que durante sus 30 años se llevaba celebrando en el mes de febrero y que ahora tendrá lugar en noviembre, considero que este vídeo de promoción es bastante bueno, aunque algo típico. Aquí está:
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